Una novela para pensar el trumpismo

Mientras Nanismo hacia twitchs, tuiteaba y practicaba intervenciones estelares en Al Rojo Vivo contando votos en EE.UU, en mis manos había caído «Erase un río». Lo vi de pasada en La Casa del Libro. Portada negra, de la editorial Dirty Works, me atrevería a decir que fea, con el dibujo de una chica apuntando con una escopeta que me llamó la atención ─creo que por el feismo─ . En una Michigan devastada por el abandono de las instituciones y de la industria, entre el río Stark y el Kalamazoó, Margo Crane de 16 años, descubre su capacidad para disparar con la escopeta. Violada por su tío Cal, borracho como una cuba, en una lúgubre y fría cabaña, un día Margo le dispara en los huevos para vengarse. El primo de Margo, ─el hijo de Cal─ acaba matando a su padre con una escopeta por error. A partir de entonces Margo, que ya ha aprendido a cazar y despellejar todo tipo de animales, decide coger la barca y subir río arriba en busca de su madre desaparecida. Lo que queda de novela es esta búsqueda en la que se encuentra con lo mejor de cada casa, seguramente la mayoría votantes de Trump. Rencorosos, odiadores, borrachos, se sienten abandonados por un país que hace tiempo dejó de mirar y de velar por su supervivencia. Las fábricas fueron trasladadas a otros lugares, los campos dejaron de ser rentables porque la fruta salía más barata importada de otros países y mientras tanto esa gente del borde del río Stark y del río Kalamazoó, esperan tranquilos la llegada de algo que alegre sus almas inquietas. Ese algo es en la novela, Margo, una chica que despelleja conejos y que vive en una barca, que agarra la escopeta Marilin mejor de lo que lo harán ellos jamás y que lee la biografía de Annie Oakley. Margo es la válvula de escape de todos ellos. Vendedores de anfetaminas, un viejo solitario atado a un respirador y lleno de tumores, un descendiente de los indios que camina en busca de su origen perdido, un borracho, Brian, que se enamora de Margo y que acaba en la cárcel y su hermano Paul que una tarde, aprovechando que su hermano está en chirona, viola a Margo. Y Margo huye, siempre huye, se mueve, es nómada. Le gusta vivir en su barca.

Sin intención de hacer spoiler, hay algo importante en esta novela: el retrato que hace de una época y de los estertores de una forma de vida. Los habitantes del río podrían ser catalogados como “restos”, vestigios de otro tiempo. Ellos lo saben y solo les queda el rencor, el resentimiento y el odio. Margo no representa ninguna clase de esperanza, sino más bien, al contrario, explicita la necesidad de una supervivencia salvaje como forma mítica de la vida en esos paramos desolados de EE.UU.

Una tarde, tras terminar de leer, casi al final del libro, me metí en twitter a desconectar. Nanismo compartió un tuit en el que aparecía el mapa de los EE.UU coloreado de rojo casi por completo exceptuando la costa Este y Oeste. La primera pregunta fue, ¿cómo pueden ganar los demócratas las elecciones si casi todo el mapa es rojo (repúblicano)? Horas más tarde apareció la respuesta con un mapa interactivo que mostraba la densidad de población de cada Estado. El centro era un páramo. Prácticamente no vivía nadie. Y, efectivamente, como señaló alguien, no votan los estados, votan las personas. En mi cabeza apareció Brian o Paul o Michel o Smoke yendo a votar. Brian con el permiso de la carcel, Paul ebrio, con unas ojeras por el suelo y con unos pantalones roñosos, con sus enormes brazos y manos introduciendo el sobre. Smoke acompañado por Fishbone que tira de su silla de ruedas y le acomoda el respirador. Después de votar Smoke le pide a Fishbone que le encienda un cigarro y con cada calada tose como si se le fuese a caer el alma por la boca. Fishbone que es un buen amigo le dice que debería dejar de fumar. Smoke le respondería entonces que para lo que tiene en esta vida, prefería irse cuanto antes. Imagino que los cuatro votaron a Trump. Bueno Michael, “el indio” no, el votaría a Biden seguramente. De entre todos los personajes sería el único. También Cal, el violador de Margo iría en su silla de ruedas a votar a Trump.

La novela que ha escrito Bonnie Jo Cambell es un retrato entre realista y mitológico de un lugar que, como el humo de una hoguera, va desapareciendo. Margo Crane no representa ninguna clase de esperanza, solo la evidencia de que la superviviencia salvaje es la única forma de vivir en estos páramos.

La segunda pregunta evidente siguiendo los resultados de las elecciones en EE.UU, es ¿cómo es posible que todavía Trump tenga más de 70 millones de votos? Desde luego la respuesta no está en las páginas de «Erase un río», pero me atrevería a asegurar que «Érase un río», al igual que hizo su momento «Las uvas de la ira» de John Steinbeck, dibuja una realidad que permite entender la personalidad de un cambio. En «Las uvas de la ira» se trataba del primer abandono del medio oeste por las sequías y las hambrunas; el primer gran abandono del campo hacia las ciudades. En este caso se trata de entender el segundo gran abandono, el del tejido industrial y obrero de los EE.UU La pregunta es, ¿qué pasa con toda esa gente que ya no tiene nada? ¿Dónde van? ¿Qué hacen? ¿Cómo votan? La respuesta que nunca contestará Bonnie Jo Cambell, pero que queda implícita es: el rencor y el odio como motor de todo, también del voto, y por supuesto de las relaciones personales, raciales, laborales y sexuales.

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